La pequeña Ha (Vietnam)

La pequeña Ha dice tener 16 años porque sabe que las organizaciones para el desarrollo recomiendan a los turistas no comprar a los niños.  Ella vende en las asfaltadas calles de la turistica Sapa. Vende bolsos, pulseras, piezas de ropa tradicionales de su tribu: los Black H’mong. En mos mejores dias vende unos 800.000 VND (unos 30 euros); en un dia comun no llega a los 250.ooo VND (unos 10 euros).  Su madre produce alla en el pueblo los productos que Ha vende y a ella la pequeña le entrega el dinero que gana. Aunque a veces secretamente se gasta unos centimos en chucherias.

Vive sola en el centro de Sapa, como otras tantas niñas que como ella alquilan una habitacion para evitar la larga caminata de 2 horas a traves de  la oscuridad entre Sapa y el pueblo de su familia, que solo visita 2 veces o 3 al mes. Vivir en la ciudad le permite sacar ventaja a otras vendedoras que tienen que regresar antes del atardecer a sus respectivos pueblos. Y cuando cae el sol, tras sus paseos y trekkings, los turistas tienen ganas de comprar.

La niña Ha tiene labia y es muy buena vendedora; aunque no sabe leer ni escribir, habla ingles mejor que muchos profesores de ingles en las escuelas publicas y conoce expresiones y bromas que la ayudan a convencer a sus posibles compradores que su producto vale la pena. Lo aprendio en la calle, como tantas otras cosas que en la escuela no se pueden aprender. “Estudiar solo sirve para aprender la lengua vietnamita” – sentencia Ha. Una lengua que ella no quiere utilizar porque ella es H’Mong y los H’Mong tienen su propia lengua. Tampoco cree que le haga falta aprender a contar porque ya conoce bien los colores de los billetes que tiene que manejar y es astuta a la hora de cobrar a sus clientes quienes casi nunca se dan cuenta de su analfabetismo. ” Aprender a leer? Cuando tenga tiempo libre. Pero nunca tengo porque siempre busco gente que me compre porque soy pobre y necesito llevarle dinero a mi madre… Compras de mi? ” . Su hermano mayor si que va al instituto pero ella no quiere porque “no sirve para nada”.

A veces, aunque pocas, tambien hace cosas de niños: colecciona monedas del mundo que los turistas le entregan por amistad o por compasion, o por ambas. Hoy ha conseguido la numero 187. Antes de guardarla en  los laberinticos bolsillos de su atuendo tribal, le entrega un supersiticio beso rogandole suerte.

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